Al instante en el que mis ojos se abrieron, a la luz de la mañana, supe que algo iba mal. Que el 23 de Junio, iba a convertirse en una fecha con significado propio.
El temor se paseó por mi cabeza.
Días, meses, pasan ante mis cegados ojos. Nada me hacía pensar que volviesen a ser cegados por el exceso de luz, que mi corazón volvería a latir como si se me fuera a salir del pecho. Nada.
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