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jueves, 15 de diciembre de 2011

Siente la adrenalina moverse sobre mi piel.

-Pensé que iba a ser fácil enseñarte, pero veo que eres el ser más torpe del mundo.-
Alec se intentó subir de nuevo al caballo. Benji se giró en cuanto el inexperto jinete posó el pie en el estribo. Alec se cayó al suelo, una vez más. Corrí hacia él. Le ayudé a levantarse.
-Esto es imposible, no puedo ni subirme, así que no se como voy a montar a Benji.-Sonrió al pronunciar el original nombre del caballo de mi hermano.
-Hay que tener paciencia, ya verás como en las dos semanas que estaré aquí, acabarás convertido en un jinete alucinante.-
Agarré las riendas de Benji y le indiqué que intentará subir, mientras yo lo agarraba. De nuevo puso el pie en el estribo. Tomó impulso y, a final, consiguió subirse al caballo.
-¡Sí!¡lo he conseguido!¡genial!-Exclamó levantando los brazos como signo de victoria.
-A ver, ahora agarra las riendas como te he explicado.-Dije mientras me acercaba a Cookie.
Alec las agarró, obediente.
-Espera.-Le ordené a la vez que me subía a mi caballo.-Tienes que golpear con los talones el cuerpo del caballo, y empezará a caminar.-
De nuevo, obediente, dio un suave toque a el caballo. Benji comenzó a andar
-Vaya, parece divertido.-Se rió.
-Da unas cuantas vueltas que mañana te enseño a trotar.-
Cookie comenzó a galopar.

-Ha valido la pena.-Dijo una hora más tarde, mientras caminábamos por la calle principal del pueblo, buscando un lugar dónde comer.
-Ese restaurante tiene buen aspecto,¿entramos?-Pregunté señalando la puerta del local de comida italiana.
-Como tú quieras princesa.-Respondió mientras entrabamos a el bonito lugar. Todo estaba decorado de blanco y negro, a la moda. Los muebles eran sencillos, pero bonitos. Escogimos una mesa cercana a la ventana que daba a la calle, pequeña pero luminosa.
Un amable camarero, considerablemente guapo, se acercó a nosotros con una gran sonrisa y nos atendió atentamente. Los platos tardaron poco más de veinte minutos.
-Esta lasaña está riquísima, es la mejor que he probado en mi vida.- Dije con la boca llena.
-¿Te has fijado en como te mira el camarero? Está ligando contigo, y no se nota poco precisamente.- Comentó Alec ignorando mi comentario, con un pequeño atisbo de celos.
-Pues no me había fijado, la verdad-
-¿Será broma? Es más que obvio que se ha dado cuenta de que estás buenísima.-
Ignoré el cumplido de Alec, y me giré hacia atrás. Efectivamente, el guapo camarero me miraba con una media sonrisa. Aparentaba unos 18 años, alto, de tez morena, pelo castaño corto y mandíbulas pronunciadas.
Le dirigí una amplia sonrisa, y sentí la mirada de Alec en mi espalda.
-¡Vaya, así que te van los morenos, eh Ali!-Exclamó seguido de una gran carcajada. Le lancé una patada por debajo de la mesa, con la buena suerte que le dí. Alec se retorció de dolor, mientras que yo reía a carcajadas.
-Eso te pasa por decir cosas que no debes.¿Has terminado ya?- Asintió.
Llamé al camarero, ignorando la risa de Alec por lo bajo.
-¿Que quiere la preciosa señorita?- Preguntó con una sonrisa de lo más amplia.
-La cuenta, por favor.-
-Un momento.-
El camarero se introdujo en lo que supuse que sería un almacén o algo así. Tardó poco en volver, con la cuenta en las manos.
-Aquí tiene, y si no le parece mal- Dejó un pequeño trozo de papel doblado cuidadosamente con disimulo en la mesa.- este es mi número.
Se fue sonriente, a atender otra mesa cercana a la salida.
-¡Alisson ha ligado!¡Alisson ha ligado!- Exclamó Alec.
Discretamente cogí el papel, y miré el interior. Había un nombre, Liam y un número de telefono escritos con una pulcra caligrafía. Nos levantamos.
-Adiós Liam.- Le sonreí al pasar por su lado al salir.

sábado, 18 de junio de 2011

Dicen que huír es de cobardes.

-Ali, cariño, vete al pueblo a hacer la compra, por favor.-
-Genial, así podré montar a Cookie.¿Dónde está la silla de montar?-Pregunté mientras entraba en el establo.
-Donde siempre. En frente de las cuadras.-Respondió mi abuela con una sonrisa amable.

Eché un vistazo a la cuadra. Cookie estaba tal y como la recordaba. Del color de la canela, con una pequeña mancha blanca en la frente. Todo era como en aquellos tiempos, cuando mi único problema era con que jugar primero.
Cookie relinchó al verme entrar.
-Yo también te he echado de menos, pequeña.-
Le acaricié la cabeza. Todo era tal y como me esperaba, tan puro, tan natural como la vida misma.

Sentí que alguien me agarraba, acercándome. Sus fuertes brazos me rodeaban  el cuerpo.
El miedo surgió en mis ojos, al mismo tiempo que eran tapados por unas cálidas manos.
-¿Quién soy?-
Su voz me resultaba familiar. Me giré.
-¡Alec!¿que haces aquí?-Exclamé a la vez que me lanzaba a sus brazos.
-Mis padres han alquilado una granja, para pasar las vacaciones.¿Y tú?- Sonrió, sus azules ojos brillaron.
-Estoy en casa de mi abuela.-Descansé mi cabeza sobre su pecho.
-Te  he echado de menos.-Susurró.
-Y yo a tí.-
Nos quedamos allí abrazados, durante unos minutos. Él era tan cálido, tan cercano.

-¿Quedamos mañana?-Preguntó, mientras me subía a mi caballo.
-Claro,¿donde está la granja?-Preguntó.
-Está al lado del lago, cerca de la oficina de turismo.-Respondió con una gran sonrisa.
-¿Tienes que andar hasta allí?-Exclamé.
-Claro, nos vemos mañana a las 12.-Comenzó a andar.
-Ni se te ocurra. Tú vienes conmigo.¿Sabes montar?-
-No.-
-Bueno, ven conmigo, y te llevo hasta allí. Mañana te enseño.-Le dije, mientras le ayudaba a subirse a mi caballo.
Sus brazos abrazaron mi cintura. Sus labios se posaron en mi mejilla.
-Gracias Ali.-Susurró.-Eres la mejor.
Sonreí, y Cookie comenzó a andar, triunfante.

martes, 14 de junio de 2011

Apocalíptico, ¿o no?

Cerré los ojos, como si fuera a llevarme al pasado, como si mi alma fuera a ser salvada en pleno apocalipsis. Sin duda, nada, sería como antes, y mucho menos, volvería él.
Él. No necesitaba nada más. Como si los últimos dos meses nada hubiera ocurrido. Como si él, todavía me quisiera, como si no se hubiera ido.
Conforme mis ojos se abrían, la dura realidad volvió a mí. Brian no iba a volver, y mucho menos, quererme. Había tenido tiempo para arrepentirse de la decisión que tomó, pero en estos dos meses nada había ocurrido.
Me levanté de la cama y, lentamente, salí al pasillo.
-¿Alisson?-
-¿Que quieres, Jean?-Respondí automaticamente, en un tono más elevado del que pretendía.
-¿Vas a bajar a la cocina?-Asentí.-¿Me puedes traer un refresco?-
-¡Serás vago! Mueve el culo y baja tú.-Respondí, y antes de que pudiera replicar, bajé corriendo las escaleras. Le oí soltar una palabrota.
-Ya verás cuando se lo diga a mamá.-Exclamé, mientras entraba en la cocina.
Cogí una manzana, que mordí creando un ruido sordo. Me senté en el sofá del salón, y me quedé inmersa en mis pensamientos.
¿Por qué? No iba a volver, ni tampoco mi alma, que se había llevado en el mismo instante en el que él se marchó. Me sentía incompleta, como si mi alma hubiera sido arrancada, dejando tras si un gran vacío. Cada vez me constaba más sonreír, que mis labios se curvaran y mis mejillas se tensaran.
Una lágrima resbaló por mis pómulos, en el silencio de una mañana de Julio. Sentí la puerta principal abrirse.
-Alisson, ¿Estás en casa?-
-Sí, mamá.-Respondí, girando la cabeza por encima del sofá.
-Creía que irías al lago, como todos los años.-Dijo extrañada.-Ha llamado la abuela, y me ha dicho que te hecha de menos, y que nunca te ve.

Probablemente, una visita al rancho de mi abuela conseguiría llenarme de nuevo. La idea me agradó.
-¿Que te parece si voi para allí a próxima semana, y vuelvo antes de mi cumple, la primera semana de agosto?-Propuse.
Mi madre abrió la boca, sin reparos.
-Claro, cariño, prepara tus cosas, puedes coger el tren el próximo viernes.- Dijo, aún sorprendida.

Los días previos a mi partida fueron, fueron los mejores hasta el momento. Tenía muchas ganas de ver a mi abuela, montar a caballo y disfrutar de la naturaleza. Desconectar. Irme de esta ciudad que me tenia atrapada, que me hacía sentir sola. Mi alma vagaba de forma sosegada por las calles que un día me habían parecido acogedoras, ahora frías y vacías.
El viernes llegó antes de lo esperado, como un gran regalo. Pronto, me encontraba con las maletas en la puerta, dispuesta a ir a la estación. Mi madre me llevó en el coche antes de las ocho.
-Prométeme que me llamarás todos los días.- Me dijo mientras ambas nos fundíamos en un abrazo.
-Claro mamá, ya verás como estas dos semanas se pasan rápido.-
Me metí en el tren. El  viaje fue efímero. El paisaje se iluminaba con la luz de la mañana.

Bajé del tren, una mujer de pelo canoso me esperaba impaciente. Una gran sonrisa se extendió por su anciano rostro.
-¡Abuela!-

miércoles, 8 de junio de 2011

Fin.

Al instante en el que mis ojos se abrieron, a la luz de la mañana, supe que algo iba mal. Que el 23 de Junio, iba a convertirse en una fecha con significado propio.
El temor se paseó por mi cabeza.



Días, meses, pasan ante mis cegados ojos. Nada me hacía pensar que volviesen a ser cegados por el exceso de luz, que mi corazón volvería a latir como si se me fuera a salir del pecho. Nada.

Prefacio.

Cada latido. Cada latido, era por ti. Mi pecho latía desenfrenado, por tus ojos verdes. Ojos convertidos en piedra, ojos, ahora fríos como el hielo.
Me falta esa armonía que nos unía, desgarrada directamente de mi pobre alma. La oscuridad inundó mis ojos en aquel momento, cegándome. No volví a ver las estrellas, y, mucho menos, el sol.
Me sentía atrapada en un túnel, conteniendo la respiración, esperando a que la luz me indicara el fin del sufrimiento. Que me indicara que mis pulmones pudieran llenarse de aire puro de nuevo. Fin de la agonía. Pero mis pulmones, jadeantes, luchaban por aferrarse a la vida, y con ellos, mi destartalado corazón.
La luz nunca llega, y el túnel cada vez era más inmenso.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Capitulo 16.

-¿Que tal está el sushi?-
-Está genial, ¿quieres?-Respondió Alec, acercándome un trozo de sushi con los palillos.
-Vale.-
-Apura, que no controlo todavía esto de comer con palillos.-
Rápidamente, cogí con mis palillos el trozo de sushi que me ofrecía, llevándomelo a la boca.
-¡Vaya, si que está rico!-
-Deberiamos apurar, que el trabajo no se va a hacer solo.-Dijo Alec.
Suspiré.

-¡Por fin!-Exclamé.
-¡Lo terminamos!-
La euforia del momento nos llevó a levantarnos y darnos un abrazo.
-Vamos a comer algo.-Dije.
Alec y yo nos dirigimos a la cocina, pero antes recogimos todos los libros que había en el salón.
-Estoy hambriento.-Dijo Alec, con cara de sufrimiento.
Parece que te mato de hambre, a ver que hay para cenar...-Dije a la vez que miraba en la nevera.
-¿Por qué no hacemos una pizza?-Propuse. Alec asintió.
-Podemos ir a comprar los ingredientes.-Dijo, a la vez que se levantaba de la silla en la que estaba sentado.
-Vale, voi a coger mi bolso.-Comencé a subir las escaleras hacia mi cuarto.Cuando llegué arriba, sonó el teléfono de casa.
-¡Alec, cógelo por favor!-Exclamé asomándome al hueco de la escalera. El teléfono dejó de sonar.
-Es tu "noviecito".-Puso todo el desprecio que pudo en la palabra. Puse los ojos en blanco.-Quiere que te pongas, Alisson.-
-Alec...-Reproché, a la vez que bajaba las escaleras, con el bolso en  la mano. Alec estaba en el hall, con el teléfono en la mano. Se lo quité de las manos.
-Hola Brian.-
-¿Que hace ese en tu casa?-Al menos, fue directo.
-Estamos haciendo un trabajo de español.-Dije. Brian estaba celoso y , de nuevo, me gustaba.
-No me gusta ese tío. Es un creído.-Dijo amenazador.
-Brian...-
-¿Por qué conmigo no puedes hacer los trabajos?-
-Será por que no vas a la mayoría de mis clases.-Mi voz daba a notar que mi enfado, iba en aumento.
-Pero Alisson...-
-¿Por qué me llamabas?-
-Era por si querías venir a cenar a mi casa.-Dijo.
-Pues no puedo, Alec y yo vamos a hacer una pizza,¿quieres venir?-Pregunté, pese a que sabía la respuesta.
-No...nos vemos mañana.-Respondió.
-Adiós, te quiero.-
-Yo también te quiero.-
La linea se cortó.

-Bueno, la pizza no se va a hacer sola.-Alec sonrió.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Capitulo 15.

-¿Te he despertado?-
La claridad no me permitía ver a la persona que me hablaba, que había interrumpido mientras que dormía. Poco a poco, mis ojos se acostumbraron a la luz, dejándome ver al apuesto muchacho que se erguía ante mis ojos.
-Alec,¿que haces aquí?-
-Quedamos,¿te acuerdas?-Dijo-Tu madre me dejó pasar.-
-El trabajo de español...lo había olvidado.-

-¿Sabías que en Colombia comen hormigas?-Comenté.
-Vaya, es realmente raro.-
Nos reímos.
-Son las 2 de la tarde, podemos parar para comer.-
-Vamos al centro comercial, que está cerca.-Propuse.
-De acuerdo.-
Nos levantamos, y dejamos nuestras cosas tiradas en el suelo del salón, donde estábamos tumbados.
-Vamos en mi coche.-Dijo Alec.-Probablemente no es como el de tu flamante novio, pero...-
Sonreí. Cogí mi chaqueta, y salimos a fuera. Entramos en su coche, una camioneta azul.
-Me gusta, es retro.-Solté una carcajada.
-¡No te rías de mi coche!-Exclamó Alec, al mismo tiempo que giraba las llaves en el contacto. El motor emitió un rugido.
-Vete a la derecha en el próximo cruce.-Indiqué.
-¿Vas a ir al baile del día 30?-
El baile de primavera me asustaba, pero la verdad era que no me apetecía mucho ir.
-No sé si voy a ir.-Respondí.
-Yo tampoco tengo muy claro que vaya a ir. Podemos quedar para ir al cine, o algo así.-
-Me parece bien.-Dije.- Hemos llegado, puedes aparcar allí.-
-¿Que te parece si vamos a un japonés?-