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jueves, 21 de abril de 2011

Capitulo 10.

Después de probarme toda la ropa de mi armario, decidí ponerme un vestido azul informal. Me maquille, y me alise el pelo. Cogí el bolso y bajé al salón. Brian ya estaba en él, con mi padre.
-¿Nos vamos ya?-Pregunté nada más entrar en la habitación. Ambos giraron la cabeza hacia mí, y Brian se levantó, sonriente. Llevaba una camisa verde de cuadros con unos vaqueros, estaba guapísimo.
-De acuerdo. Hasta luego señor Jackson, la traeré sobre las once.-
-Recuerda lo que estuvimos hablando.-Dijo mi padre amenazador.
-¿El que?-Pregunté, haciéndome la interesada.
- Cosas de chicos. Pásatelo bien cariño.-Se despidió mi padre, y ambos salimos por la puerta.
-Estás preciosa.-Me dijo Brian cuando mi padre no nos veía. Me dio un beso en la mejilla y me abrió la puerta del coche.
Se metió en el coche y me dijo.
-Quiero que sea una sorpresa hasta el final.-Sacó un pañuelo del bolsillo y me lo ató en la cabeza impidiéndome ver. Note sus labios rozando los míos y le seguí el beso.
Arrancó el coche. En menos de cinco minutos llegamos al lugar desconocido al que me llevaba. Me ayudó a salir del coche. Se puso detrás de mí.
-¿Estás preparada?- Me susurró en la oreja.
-Nací preparada.-Exclamé.
Lentamente, retiró el pañuelo que me impedía ver.
Nos encontrábamos en la orilla del río. Una mesa blanca con dos sillas se erguía en el centro.Estaba llena de velas, y había todo tipo de comida encima.
-Señorita, su cena le espera.-Dijo Brian.
Me giré hacia él y le besé apasionadamente.
-Te quiero.-
Nos dirigimos hacia la mesa y nos sentamos.
-De primer plato hay langostinos a la plancha, de segundo carne asada y de postre, fresas con nata.-Sonrió.
-Es todo perfecto, muchas gracias.-
-Te mereces todo y más.-Respondió.
-Es lo más bonito que han hecho por mí.-
No podía creer que Brian fuera mío, que tanta perfección pudiera quererme. Que alguien como él se fijara en mí.
Mi vida me parecía una película, de esas que te hacen llorar de emoción.
-Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.-Dijo.
Los ojos se me llenaron de lágrimas, y una cayó por mi mejilla.
-No me gusta que llores.-Dijo apenado.
-Es de alegría, tonto.-Sonreí.
-No me gusta.-Acercó una mano y sus dedos secaron mis mejillas.-¿Que te parece, si mañana vamos a casa de mis padres a comer y te los presento?-
De pronto, mis miedos aumentaron.
-¿Estás seguro?-Dije.
-Tan seguro como que de que te quiero.-

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