Se acercaba a mí, triunfante. Con la cabeza erguida. Sonreía, y sus azules ojos brillaban a la luz de la luna. Ambos nos encontrábamos en un campo. Lleno de flores blancas, que nos llegaban a la rodilla, impidiéndonos el paso. Quería correr hacia él, pero algo no me permitía acercarme. Quería abrazare y no soltarle nunca, oler la fragancia floral de su pelo negro. De pronto me dí cuenta de lo que me detiene. Alguien me agarra por la cintura, fuertemente. Me giro, hacia la persona que no me permite avanzar. Hay algo estraño en él. Sus ojos no son verdes, como siempre. El rojo fuego de sus nuevos ojos me mira penetrante. Hay algo en él que me asusta y me atrae.
Abrí los ojos. Estaba en mi habitación, en la que solo de oía mi respiración jadeante. Me giré en la cama, e intente descansar. Me quedé dormida al instante. Supuse que el sueño se debía a la ausencia de Alec en los días anteriores.
Me desperté de nuevo, esta vez por el sonido del despertador. Me levanté de la cama, y me dirigí al armario. Escogí unos vaqueros, una camisa y unas sandalias. Me duché y me sequé mi pelo castaño. Bajé a la cocina, donde se encontraba Rachel y mi madre.
- ¡Vaya novio te has echado Alisson!- Exclamó mi hermana.- Te está esperando fuera, con su flamante coche.-
Cogí la mochila, y un café.
-Mamá, me voi a clase, Brian me traerá después.-Dije- Hasta luego.-
Salí por la puerta y fui directamente a los brazos de mi novio. Me dio un beso en la mejilla, como solía hacer en mi casa desde la charla que mantuvo con mi padre.
- ¡Dame un beso de verdad!- Le dije.
- Es que... estamos en tu casa.-Comenzó a decir.
-¡Brian!-
Pese al riesgo de que mi padre nos viera, me besó rápidamente.
Nos metimos en el coche y fuimos al instituto. Alguien esperaba en la puerta. Era Alec. Alto e increíblemente guapo.
- ¡Alec!- Exclamé nada más salir del coche. Corrí hacia él y, pese a la mirada observadora de Brian, le dí un abrazo.-¿Donde has estado?¿Por que no viniste a el instituto?.-
- Estuve enfermo, y me ingresaron en el hospital.-Respondió. La verdad era que estaba diferente, mucho más pálido y delgado.
- Ya se te ve en la cara.-
Brian se acercó hacia nosotros y me paso el brazo por encima de los hombros de forma posesiva. Estaba celoso. Y eso me gustaba.
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